sábado, 28 de febrero de 2015

Los silencios rebeldes de una escritora con crisis existencial...




Es difícil resumir la vida cuando una tiene tantas expectativas puestas en ella. 
O al menos eso creía. O creo. No lo sé, tal vez estoy divagando o simplemente quizás solo me estoy dedicando a pecar de soñadora empedernida al creer que los sueños aún pueden hacerse realidad. Es solo la mala costumbre que aún conservo de creer que la vida puede darte un coletazo en cualquier segundo y cambiar para siempre. Siempre lo he dicho y a pesar de que desde hace mucho, mis días son todos iguales, aun conservo la ilusión de no saber que esperar del nuevo amanecer, lo que este tendrá deparado para mi. Por ejemplo ahora mismo, estoy escribiendo estas líneas sin saber si esta será la historia de mi vida, la que me llevará lejos a cumplir aquellos sueños que ahora amontonan polvos y telarañas en algún rincón extraviado de mi casa, o simplemente sea solamente mi pretenciosa necesidad de escucharme a mi misma o de entenderme, no lo sé. No se nada. Y eso es lo bueno de ver un nuevo día. Nunca tendrás la certeza de saber, cuando la vida te cambiará para siempre.

La mañana es gris. Amo los silencios de las mañanas grises, cuando el mundo aún esta sumido en quien sabe cuantos sueños felices y yo aquí, sentada frente a un monitor intentando vivirlos a través de mis letras. Imperiosa necesidad de contar la vida como me gustaría que fuera, de escaparme un poquito a dentro de mí para ver que está sucediendo con mi mundo interno y de soñar tal vez con esos príncipes que nunca llegaron para escribir la historia de amor de mi vida. Con treinta años, aún soy toda una ilusa, pero ¡Hey! Me niego a entregar mis sueños a cambio de ser considerada un miembro aceptable y racional de una sociedad enferma. Esa no soy yo. No puedo vestirme de normalidad y pretender que la vida gris me satisface. Es una idea demasiado asfixiante, demasiado insoportable. Trabajar para ganar dinero y tener un buen pasar para luego descubrir que lo único que se pasó en verdad fue la vida. No quiero eso para mí, y mis palabras son la prueba fiel a mi rebeldía. No quiero darme por vencida, no aun, ni siquiera cuando la vida me da golpes de puñetazos a la cara sin clemencia para que despierte y vea la realidad que me rodea. Aún creo en las historias de amor. Aún creo que el príncipe encantador anda dando vueltas por allí buscándome, solo que ha extraviado su rumbo. Aún creo que todo puede ser distinto a como lo pintan. No voy a darme por vencida. Al menos hoy no lo hice. 
El que esté escribiendo ahora mismo es una prueba fiel de ello. Voy a seguir luchando, con palabras, con sueños desde este rinconcito de mundo enfermo, entre silencios y mañanas grises, esperando lo inesperado con las nuevas luces del amanecer.


Nerda Dantes