Es difícil resumir la vida cuando una tiene tantas
expectativas puestas en ella.
O al menos eso creía. O creo. No lo sé, tal vez
estoy divagando o simplemente quizás solo me estoy dedicando a pecar de
soñadora empedernida al creer que los sueños aún pueden hacerse realidad. Es
solo la mala costumbre que aún conservo de creer que la vida puede darte un
coletazo en cualquier segundo y cambiar para siempre. Siempre lo he dicho y a
pesar de que desde hace mucho, mis días son todos iguales, aun conservo la
ilusión de no saber que esperar del nuevo amanecer, lo que este tendrá deparado
para mi. Por ejemplo ahora mismo, estoy escribiendo estas líneas sin saber si
esta será la historia de mi vida, la que me llevará lejos a cumplir aquellos
sueños que ahora amontonan polvos y telarañas en algún rincón extraviado de mi
casa, o simplemente sea solamente mi pretenciosa necesidad de escucharme a mi
misma o de entenderme, no lo sé. No se nada. Y eso es lo bueno de ver un nuevo día.
Nunca tendrás la certeza de saber, cuando la vida te cambiará para siempre.
La mañana es gris. Amo los silencios de las
mañanas grises, cuando el mundo aún esta sumido en quien sabe cuantos sueños
felices y yo aquí, sentada frente a un monitor intentando vivirlos a través de mis
letras. Imperiosa necesidad de contar la vida como me gustaría que fuera, de
escaparme un poquito a dentro de mí para ver que está sucediendo con mi mundo
interno y de soñar tal vez con esos príncipes que nunca llegaron para escribir
la historia de amor de mi vida. Con treinta años, aún soy toda una ilusa, pero
¡Hey! Me niego a entregar mis sueños a cambio de ser considerada un miembro
aceptable y racional de una sociedad enferma. Esa no soy yo. No puedo vestirme de
normalidad y pretender que la vida gris me satisface. Es una idea demasiado
asfixiante, demasiado insoportable. Trabajar para ganar dinero y tener un buen
pasar para luego descubrir que lo único que se pasó en verdad fue la vida. No
quiero eso para mí, y mis palabras son la prueba fiel a mi rebeldía. No quiero
darme por vencida, no aun, ni siquiera cuando la vida me da golpes de puñetazos
a la cara sin clemencia para que despierte y vea la realidad que me rodea. Aún
creo en las historias de amor. Aún creo que el príncipe encantador anda dando
vueltas por allí buscándome, solo que ha extraviado su rumbo. Aún creo que todo
puede ser distinto a como lo pintan. No voy a darme por vencida. Al menos hoy
no lo hice.
El que esté escribiendo ahora mismo es una prueba fiel de ello. Voy
a seguir luchando, con palabras, con sueños desde este rinconcito de mundo
enfermo, entre silencios y mañanas grises, esperando lo inesperado con las
nuevas luces del amanecer.
Nerda Dantes